
Para Empédocles, el amor une en un círculo armonioso los cuatro elementos: el agua, el fuego, la tierra y el viento.
El odio, potencia presente en esta unidad, ejerce la labor de una cuña, y se empuja vertiginosamente entre los elementos para separarlos.
El movimiento que se crea es un vaivén entre amor y odio, entre armonía y desorden, entre calma y tormenta.
La realidad de la que habla el filósofo griego es cíclica. Después de una lucha tormentosa el amor vuelve a predominar, vence el odio y funde de nuevo los elementos en una sola unidad.
El desplazamiento no lleva a la creación de nueva materia, sólo ocurre un cambio en las combinaciones.
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