martes, 9 de febrero de 2010

En los peldaños

Mientras bajaba por la infame escalera,

tú salías por la puerta, y por un momento

vi tu rostro nada familiar y tú me viste.

Luego me escondí donde no me vieses de nuevo, y tú

pasaste rápido ocultando tu rostro,

y te metiste a la casa infame

donde no podrías encontrar placer, como yo no lo había encontrado.

Y aún así, el amor que buscabas, yo lo tenía para dártelo;

el amor que yo quería -tus ojos me lo dijeron

tus cansados y desconfiados ojos- tú lo tenías para dármelo.

Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron;

nuestra sangre y nuestra piel entendieron.

Pero ambos nos ocultamos turbados.

Constantin Cavafis

1 comentario:

johnny dijo...

Que bici más auténtica¡¡¡
Te quedo muy bien la foto del amanecer.
Un abrazo