
Mientras bajaba por la infame escalera,
tú salías por la puerta, y por un momento
vi tu rostro nada familiar y tú me viste.
Luego me escondí donde no me vieses de nuevo, y tú
pasaste rápido ocultando tu rostro,
y te metiste a la casa infame
donde no podrías encontrar placer, como yo no lo había encontrado.
Y aún así, el amor que buscabas, yo lo tenía para dártelo;
el amor que yo quería -tus ojos me lo dijeron
tus cansados y desconfiados ojos- tú lo tenías para dármelo.
Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron;
nuestra sangre y nuestra piel entendieron.
Pero ambos nos ocultamos turbados.
Constantin Cavafis
1 comentario:
Que bici más auténtica¡¡¡
Te quedo muy bien la foto del amanecer.
Un abrazo
Publicar un comentario