Y te has ido sin darme tiempo a un saludo, tan reservado para tus cosas... sobre todo cuando las noticias no eran buenas siempre te mantenías callado, desaparecías, estabas como ausente y solamente resurgías cuando tenías fuerzas para poner buena cara y dar ánimo a todo aquel que te rodeaba.
Te has ido y siento un dolor enorme por no haber llegado a tiempo para darte un abrazo... un guiño de complicidad. Nunca nos hicieron falta las palabras, un gesto, una mirada... era suficiente para entendernos y yo sabía que siempre estabas ahí, siempre que te necesité estabas ahí, para risas y para penas. Pasamos ratos muy buenos, secretos compartidos y que nadie sabe, muchos gintonic con limón exprimido, muchas horas de charla previas a cerrar los bares.
Te gustó la buena vida y supiste sacarle fruto, siempre fuiste un caballero, atento, galante y adulador y ahora te has ido, estés dónde estés seguro que ya hay un grupo a tu alrededor esperando tus halagos y tu buen savoir faire... y cuando nos encontremos de nuevo, tomaremos el mejor Rioja de la bodega y un sandwich sin corteza como los que tanto te gustan, mientras tanto te echaré de menos Nachín.

1 comentario:
Felicidades por haber tenido un amigo asi.Buen blog, Cristina
Publicar un comentario